enminevera


de italia a la mesa
Marzo 29, 2008, 7:59 pm
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Si tenéis que ir (y tenéis que ir!) a la tienda de “Capperi!”, que sea el miércoles.
Porque el jueves, ya se habrá acabado la “burrata” que llega directamente de Pulla, lo que significa que os habréis perdido (por lo menos por esta semana) la ocasión de probar una típica joya gastronómica del Sur de Italia: una mozzarella que esconde en su interior un corazón blando y cremoso.
Y si vais el viernes, ya quedará muy poco de los ravioli de calabaza y de los de requesón y espinacas; de los gnocchi de patatas y de los gnocchi verdes; de las bolsitas de queso y pera (ni una palabra, hay que probarlos!) y de los perfumadísimos ravioli de trufa. Todas unas delicias para el paladar, hechas cada semana por el mismo laboratorio de “Capperi!.
Lo que sí os dará siempre tiempo es a elegir entre la excepcional variedad de vinos y productos típicos de Italia: desde los sabrosos tomatitos pachino en bote, al aceite aromatizado a la trufa; las piadine (una especie de pan de pita de la zona de Bolonia); los cantuccini (galletas con almendras típicas de Toscana); el Nero D’Avola, un intenso vino tinto siciliano…
Y si no sois exactamente unos chef y ni siquiera unos cocinillas, no os preocupéis: en la tienda se puede comprar hasta salsas ya hechas para la pasta (frescas o en bote) para quedar estupendamente.

Capperi! Calle de Fernando VI, 2, 28004, Madrid.

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para empezar
Marzo 29, 2008, 7:49 pm
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Lo que necesitas:
Un bol
Una cuchara de madera
Un molde de unos 20 cm de diámetro

Lo que necesitas (segunda parte):
4 manzanas fuji
1 limón
3 huevos enteros
3 cucharadas colmadas de azúcar
7 cucharadas colmadas de harina
1/2 bolsita de levadura para dulces
80 gramos de margarina
un poco de azúcar moreno

Cómo lo haces:
Tras haber pelado las manzanas y haberlas cortado finitas, déjalas descansar en un bol con el zumo de un limón.
Pon a calentar el horno a unos 180∞ y deja unos 40-50 gramos de margarina a derretir “al baño maría”*.
Rompe los huevos y mézclalos con el azúcar. Poco a poco, ve añadiendo la harina. En cuento notes que la compota se va haciendo más densa, añádele la margarina fundida y el zumo de limón que le habías echado a las manzanas.
Sólo al final, añade la media bolsita de levadura.
Unta el molde con una nuez de mantequilla y rocíalo de un poco de harina. Echa la compota en el molde, luego échale las manzanas encima, intentando distribuirlas homogéneamente y también “hundirlas” un poquito.
Al final, cúbrelo todo con la margarina fundida que queda y con azúcar moreno.
Pon la tarta en el horno ya caliente y deja que se cueza durante unos 30 minutos.
Sácala del horno, deja que se enfríe (o no!) y…cómela!

*coge dos ollas, una más grande en la que pones a calentar el agua, y la otra más pequeña, en la que pones la margarina a fundirse. Procura que la olla más pequeña “flote” en el agua de la más grande.

Lo que le pega:
Casi recién sacada del horno o recalentada en el microondas con dos bolitas de helado: de vainilla o, posiblemente, de nuez de macadamia.

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El ratoncito que nos gustaría tener debajo del gorro
Marzo 28, 2008, 8:58 pm
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Para que os entre hambre: Este ratoncito con la intuición y la pasión para la cocina es la diferencia entre un dibujo animado y un film de animación. Las imágenes corren rápidas y perfectas de principio a fin. Y lo que se queda siempre es un buen sabor.

Como se degusta: con un buen plato de ravioli de calabaza con una salsa ligera de tomatitos frescos y – posiblemente – dulces, un vaso de vino blanco afrutado y una copa de fresas con bolitas de helado a la vainilla.

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Razones para entrar (y volver!) al Restaurante Yerbabuena
Marzo 18, 2008, 6:33 pm
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Lo admito. Me gusta la comida. Y sobre todo me gustan los platos que tienen un nombre muy largo. Cuantas màs lineas de la carta ocupan, màs suben las probabilidades de que los elija.
Pero no me gustan los vegetarianos. Lo siento, pero estoy convencida que contra una persona que tiene la fuerza de resistir a una lonchita de jamón recién cortado, no se puede ganar. Nunca. Así que, normalmente, evito todos los sitios más obvios en los que me podría cruzar con ellos: bodeguitas que siempre huelen a curry, pequeños supermercados donde la compra se hace al ritmo de los clásicos new age, ferias de productos biológicos, y, sobre todo, restaurantes vegetarianos.
Por eso, no sabría explicar bien por qué entré por primera vez en este restaurante de “alta cocina vegetariana” al lado de la Calle Mayor. Sospecho que la culpa la tienen sus bonitas puertas verdes en un dìa de lluvia y mi curiosidad de husmear lo que habìa detràs. O quizàs los platos de nombres tan largos que parecìan canciones, como la olla gitana de garbanzos, judìas verdes, calabaza, peritas en dulce y guisantes, con una picada de almedra y soja texturizada con hojuela wanton, servida con encurtidos varios; o la paella vegetariana de hortalizas, mix de setas silvestres, seitàn y soja texturizada, con arroz integral biològico, acompanado de un bouquet de hojas de campo.
Lo que importa de verdad es saber por qué al salir del restaurante “Yerbabuena”, ya estaba buscando una buena ocasión para volver.
Seguramente por la comida que no sólo es riquísima, sino que es una sincera y elegante fiesta para los ojos.
Por la mùsica, que es de las que escuchabamos en el coche cuando nos ìbamos de excursiòn con los padres.
Por el trato magnífico. Ya que con una clienta que – aùn encontrandose en un templo de la comida vegetariana -, pretende no comer ni pimientos ni legumbres, hace falta algo màs que paciencia ! El chico que me atendiò volviò tres veces a mi mesa con la misma cortesìa, antes de llegar a un acuerdo sobre un exquisito pastel de espicanas en salsa al roquefort acompanado por una ensaladita crujiente en alino agridulce (que, por cierto, substituìa los pimientos originales !).
Pero sobre todo porque este restaurante es un microcosmo de detalles que te hacen sentir mejor, y despuès de hora y media sentada en mi mesa, me sentìa relajada y feliz.
Y fue entonces, buscando mi cuenta entre los caramelos en una bonita caja de madera, que de repente me di cuenta que siempre había tenido razón: contra un vegetariano no se puede ganar.
Lo que pasa es que ahora me da igual!

Restaurante Yerbabuena. Calle de Bordadores 3, 28013, Madrid. Tel: 915 480 811
Precio medio por persona: 20 €. De lunes a viernes menú especial mediodía 12 € (incluye pan, postre y bebida)
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Derechos - Licencia CC
Marzo 16, 2008, 9:44 pm
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Las ilustraciones son de Sub_™ .



cocineros tramposos
Marzo 16, 2008, 7:47 pm
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Falsarius Chef, Cocina para impostores, Compañía Oriental de la Tinta, € 16

“Astutas recetas de cocina usando congelados, latas y conservas para quedar como un chef”. Unos ejemplos? Paella dominguera, Gazpacho a los finos fraudes, Impostura de bacalao, Fabada (sin olla) express, Pincho antiresaca..
Libro de cocina que quizás no se merece este nombre y se limita a recopilar lo que ya sale en el homónimo blog, pero divertido y capaz de suscitar curiosidad hasta de los ortodoxos de la gastronomía tradicional.

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Cine y Gastronomía
Marzo 16, 2008, 7:39 pm
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VVAA, 35 mm. Tabula02. Monográficos de cultura y gastronomía, Cartoné, € 80

Es el segundo volumen de lo que quiere ser una enciclopedia gastronómica por temas. El primero está enteramente dedicado al bacalao (!).
En 35 mm, le han pedido a unos 50 cocineros de fama internacional que elaboraran unas recetas a partir de las peculiares atmósferas de algunas de las películas más inolvidables de la historia del cine. Desde “Willy Wonca y la fábrica de chocolate” a “El festín de Babette”; pasando por “Pulp Fiction” o “2001: una odisea del espacio”…
Y por cierto, la que sale en la bonita portada es la piruleta de Lolita!

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saboreando la última novela de McEwan
Marzo 16, 2008, 6:25 pm
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Ian McEwan, Chesil Beach, Anagrama, € 16

A los que se comen los libros, o a los que les gustarìa que por lo menos fueran comestibles, que sepan que “Chesil Beach” es sabroso como los gajos de pasta rellena de calabaza; como las aceitunas que explotan en sus corazones de pan rallado y perejìl; el tocino que se funde dentro de la boca; las alcachofas que salpican y frìen; los pasteles humeantes de champinones frescos; la polenta con la salsa de salchicha; el chorizo picante que – aunque digas: ¡basta! – no puedes parar de picotear. Sabroso como praderas rojas y blancas de jamón ibérico; como el alma del brie; la anarquía de los tallarines en salsa de jabalí; el perfume…el perfume atractivo del risotto a la trufa; la ensalada con lluvia de granadas y naranjas; el barolo; el tiramisù; el chocolate con el marsala; la crema helada al vino dulce de Sicilia; la mousse al chocolate blanco con crema de frambuesa; el maracuyà y el azafrán; los dátiles; el café y una gota de sherry.

Los jóvenes protagonistas de la novela se sientan a esta mesa maravillosa, asustados y demasiado contenidos, examinando uno y otro manjar con desconfianza. A algún plato, incluso le conceden el honor de una tentativa.
Quieren, pero no pueden. O a lo mejor no quieren y ya está. Uno de los dos se levanta de repente, y el otro deja que se vaya. Y deja que la tarta se derrita por el calor pegajoso de esta primera noche de boda en Chesil Beach.
Los jugadores han perdido. Los dos. Se volverán atrás miles de veces, pero se quedarán sin comer.

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libros que se comen
Marzo 16, 2008, 6:07 pm
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Los libros tienen un buen olor, siempre. Casi siempre.
Los que se encuentran en el sòtano normalmente no huelen bien !
Pensándolo bien, también el aspecto, la forma y el ruido de un libro cambian según el uso que se hace de él. O según el tiempo que pasa.
El sabor de un libro, en cambio, permanece igual.
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