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Razones para entrar (y volver!) al Restaurante Yerbabuena
Marzo 18, 2008, 6:33 pm
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Lo admito. Me gusta la comida. Y sobre todo me gustan los platos que tienen un nombre muy largo. Cuantas màs lineas de la carta ocupan, màs suben las probabilidades de que los elija.
Pero no me gustan los vegetarianos. Lo siento, pero estoy convencida que contra una persona que tiene la fuerza de resistir a una lonchita de jamón recién cortado, no se puede ganar. Nunca. Así que, normalmente, evito todos los sitios más obvios en los que me podría cruzar con ellos: bodeguitas que siempre huelen a curry, pequeños supermercados donde la compra se hace al ritmo de los clásicos new age, ferias de productos biológicos, y, sobre todo, restaurantes vegetarianos.
Por eso, no sabría explicar bien por qué entré por primera vez en este restaurante de “alta cocina vegetariana” al lado de la Calle Mayor. Sospecho que la culpa la tienen sus bonitas puertas verdes en un dìa de lluvia y mi curiosidad de husmear lo que habìa detràs. O quizàs los platos de nombres tan largos que parecìan canciones, como la olla gitana de garbanzos, judìas verdes, calabaza, peritas en dulce y guisantes, con una picada de almedra y soja texturizada con hojuela wanton, servida con encurtidos varios; o la paella vegetariana de hortalizas, mix de setas silvestres, seitàn y soja texturizada, con arroz integral biològico, acompanado de un bouquet de hojas de campo.
Lo que importa de verdad es saber por qué al salir del restaurante “Yerbabuena”, ya estaba buscando una buena ocasión para volver.
Seguramente por la comida que no sólo es riquísima, sino que es una sincera y elegante fiesta para los ojos.
Por la mùsica, que es de las que escuchabamos en el coche cuando nos ìbamos de excursiòn con los padres.
Por el trato magnífico. Ya que con una clienta que – aùn encontrandose en un templo de la comida vegetariana -, pretende no comer ni pimientos ni legumbres, hace falta algo màs que paciencia ! El chico que me atendiò volviò tres veces a mi mesa con la misma cortesìa, antes de llegar a un acuerdo sobre un exquisito pastel de espicanas en salsa al roquefort acompanado por una ensaladita crujiente en alino agridulce (que, por cierto, substituìa los pimientos originales !).
Pero sobre todo porque este restaurante es un microcosmo de detalles que te hacen sentir mejor, y despuès de hora y media sentada en mi mesa, me sentìa relajada y feliz.
Y fue entonces, buscando mi cuenta entre los caramelos en una bonita caja de madera, que de repente me di cuenta que siempre había tenido razón: contra un vegetariano no se puede ganar.
Lo que pasa es que ahora me da igual!

Restaurante Yerbabuena. Calle de Bordadores 3, 28013, Madrid. Tel: 915 480 811
Precio medio por persona: 20 €. De lunes a viernes menú especial mediodía 12 € (incluye pan, postre y bebida)
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